Yo también fuí una nutri recién recibida.

*Imagen: foto de mi primer consultorio. Me disculparán la calidad, fué en el 2011

A veces perdemos la perspectiva. No solo nosotros mismos, sino también quienes nos miran desde afuera. Y desde ese lugar, muchas veces se piensa que alguien “siempre fue así”, como si no hubiera historia, procesos, ensayo y error detrás. Y se corre el riesgo de borrar trayectorias completas.
Yo también fui una nutri recién recibida. Tenía 24 o 25 años y, producto de mi propia vida y de haber trabajado desde muy chica, sentía que la tenía re clara. Que me comía el mundo con una mirada. Que veía cosas que el resto no. Estaba posicionada, irreverente, políticamente incorrecta y muchas veces equivocada. Pero ahí estaba estoica, enamorada de la nutrición, fogoza y, sobre todo, furiosa. El enojo era el motor y la necesidad de transformar el mundo, el combustible. Una mezcla efectiva y letal.
Miraba a las “viejas nutris” (pensar que hoy tengo la edad que ellas tenían) con recelo, incluso con desconfianza. No podía creer que fueran parte de una nutrición que, a mis ojos, todos sabíamos que necesitaba un cambio. Una nutrición obsoleta, con resabios del conteo calórico, del producto light, del famoso turrón de 100 kcal, del caramelo ácido antes de comer, del café con leche con dos tostadas con queso light y mermelada, eso sí “pintaditas, no montañita”. Levantá la mano si entendés de lo que te estoy hablando.

Y tenía razón, digamos todo. Pero también me faltaba calle. Me faltaba roce. Me faltaba entender aspectos psicosociales (no por nada después estudié para recibirme de psicóloga social y poder hablar con solidez sobre ese tema que hoy tanto me apasiona.). Me faltaba ver la otra parte del mundo. Y solo así entendí que conocer algo cuando lo ves entero no es lo mismo que conocer la suma de sus partes, y que la sumatoria de partes no siempre construye un entero. Pero qué enredo enrulado que acabo de hacer, igual vos me entendés.

Creer que una se las sabe todas, y decir lo que se te canta con la seguridad de quien cree que se las sabe todas, sobre todo al inicio, no es solo una actitud: es uno de los efectos más estudiados en psicología. Se llama efecto Dunning-Kruger. Ese fenómeno donde cuanto menos sabés, más segura te sentís; y cuanto más aprendés, más consciente sos de lo que no sabés. Ese halo de seguridad inicial, tan seductor como peligroso.
Más hoy, donde lo que abunda es información y mucha de ella altamente contradictoria, viral, rápida, cambiante. Todo eso genera muchísimo FOMO (fear of missing out, miedo a quedarse afuera), ansiedad, niebla mental y, muchas veces nos hace tomar pésimas decisiones.
Antes, al menos, teníamos la expectativa de leer esos libros que esperábamos con ansias: escritos por referentes, personas a las que veíamos en congresos, que nos transmitían su formación en salud, su práctica clínica, sus estudios ajustados a la realidad. Coincidiéramos o no, había una sensación de marco. Y si querías cambiar algo, no se hacía bardeando en un video editado con ruidito y colores para redes sociales ni haciéndote la o el loquito, sino con papeles, o peor aún: levantando la voz para formular una pregunta decente en un auditorio con 300 personas. Donde el silencio te cortaba las entrañas, el único sonido era tu corazón latiendo a mil (me re pasó) y los ojos ajenos te perforaban el intelecto. Ahí no podías hacerte tanto el guapo eh. Quedabas expuesto por los siglos de los siglos amén.
Y pará, no quiero quedar como una vieja ch0ta diciendo “antes todo era mejor”, no soy particularmente nostálgica del pasado, soy realista aunque contradictoriamente idealista, como toda libriana jajaja (ciencia abandono el grupo).
Hoy algo de eso sigue existiendo, pero se subestima el nivel de exposición y se infradimensiona el impacto real en la salud mental y social que tienen las redes sociales, tanto en quienes consumen como en quienes crean contenido. Internet no olvida. Y todo lo que decimos y hacemos ahí, aunque lo borremos, no desaparece. De hecho todo lo contrario, “si pegas un viral” te puede conocer gente de otros continentes y opinar de vos y de lo que sos con absoluta liviandad. Pero este, es otro tema.
Esto no significa que no podamos cambiar de opinión. Que si decís una cosa siempre tenes que decir lo mismo hasta que mword. No somos árboles, nos podemos mover. Pero como profesionales de la salud (o futuros profesionales) no deberíamos poner en juego nuestra ética por subirnos a un trend en particular o decir algo polémico solo para viralizar y “llegar más lejos”. ¿Más lejos que quién? ¿Qué es más lejos? ¿A dónde es?. Siento que todo esto nos está volviendo funcionalmente estúpidos, pero esto es un tema para otra entrada de blog, nocierrrrrtoo??
¿Muchos lo hacen? Sí, claro. Quiero creer y la experiencia un poco me lo demuestra, que eso no construye a largo plazo. Y si lo hace, cava un pozo para el entierro de la matrícula profesional, junto con algo todavía más frágil: la credibilidad. Uno de los activos menos visibles y más valiosos que tenemos.
Arranqué este escrito diciendo que yo también fui una nutri recién recibida. Y sí, me metí fuerte con colegas que pensaba que eran mafiosas (debo decir que con algunas tuve razón eh – y ella seguía y seguía). Me metí con la academia, y luego en la academia. Fui profundamente desafiante. Y fue difícil, más aún viniendo del interior, donde ya sabemos que los reflectores suelen estar puestos en Buenos Aires y el resto parece no existir.

Nutriloca nació de ese fuego, de la necesidad de hacer ruido y gritar fuerte para ser escuchada. Un fuego que con el tiempo se volvió un poco más cuerdo. Pero hoy me esta quemando la necesidad de traerlo de nuevo y abrazarlo con ganas: enojado, irreverente, con la llama justa de la experiencia que permite calentar o cocinar sin quemar. Sabiendo bastante mejor lo que quiero y, sobre todo, lo que no quiero.

La experiencia clínica, el aprendizaje real de leer ciencia (que no lo sabía hacer cuando me recibí, y tardé años en aprender), la madurez académica y una mirada más macro que solo da el tiempo y la diversidad de lecturas, hicieron un maridaje sutil e incómodo. Imperfecto, pero visible. Como casi todo lo que vale la pena, o la alegría porque la pena nunca vale.

No tengo consejos, pero sí deseos. La nutrición es un espacio científico, así que llenarlo de farlopa nos daña a todos. Tenemos enemigos graves e importantes vendiendo mucho humo en formas de consultorías 1:1 o suplementos, sin ningún tipo de respaldo legal ni protección para el paciente, así que pelearte o deslegitimar a una colega no solo te achica, sino que no te hace crecer. Y encima, te distrae del problema real.

Tus colegas son personas con las que no hace falta que coincidas, pero si que respetes. Probablemente estén haciendo lo mejor que pueden con lo que tienen, o al menos hoy elijo pensar esto.
Las instituciones no son tus enemigas. Al contrario, pueden ser refugio cuando la soledad te roba la esperanza. Las instituciones están formadas por personas, asi que si no te gusta cómo actúan o cómo te representan, no las abandones: participá y cambialas desde adentro.
No sé si son los 40 años, el cansancio (más que cansancio la rotura de pelotas que no tengo), la competencia, la fragmentación, el individualismo o una mezcla de todo eso sumado a la data fake que circula en redes, pero siento que hoy, más que nunca, necesito convocar ese espíritu nutriloquezco jovial de mis inicios, y mezclarlo con el nivel académico y la experiencia para armar una verdadera bomba de construcción masiva.
Y cierro con algo que aprendí fuera de cualquier carrera: en la vida, además de formarte, hay que ser buena persona. Es lo único que te va a permitir construir desde lo real, porque “lo genuino prevalece”, y nadie puede vivir eternamente actuando un personaje, así que si estás en este camino se vos no más, sin escupir para arriba porque siempre vuelve o salpica.

Yo también fui una nutri recién recibida.
Pero ya no lo soy.

Chau, te quiero mucho

Nutriló.

Si este contenido te gustó, te movilizó o te hizo pensar: compartilo o dejame tu comentario. Toda interacción sirve.

 

4 comentarios en “Yo también fuí una nutri recién recibida.”

  1. Agustina María Mazzeo

    Nutriló, te escribí hace un rato por LinkedIn pero me emocionó y cautivó tanto lo que pusiste que elegí ampliar y leer toda la nota 😍.
    Una palabra más hermosa que la otra, y ¡qué importante que como profesionales hagamos red sólida para alzar la voz ante la antiética por ser más viral! ¡Qué hermoso que enciendas 🔥 el pensamiento de muchas (como yo, lo hago autorreferencial) que estamos iniciando!
    A mí en lo personal, venís a recordarme que jamás pierda el norte de la genuinidad y de la ética, que no me deje enceguecer por las RRSS que, en un contexto de FOMO, te hacen perder de vista lo esencial, lo importante, lo evidente, lo CONDUNDENTE y lo VERAZ.
    Considero (y aquí podemos coincidir o no, pero sentí la necesidad de compartírtelo) por sí solas las redes son un recurso, pero según el direccionamiento y el uso que le demos (marcado por la intencionalidad de cada profesional con o sin ética) podemos hacer mucho bien o mucho daño.
    Ojalá sirvan para expandir el bien para las personas, con una nutrición consciente y que, si no sabemos comunicar las cosas con claridad, ahorremos el trabajo de hacerlo porque los efectos pueden ser muy perjudiciales.
    ¡Gracias por ayudar a profundizar en el pensamiento y a cuestionarnos todo!

    1. Hola Agustina! Gracias por tus comentarios (aca y en linkedin) y por tus aportes. Pero por sobre todo gracias por seguir llevando a la profesión a los lugares que se merece estar, con ciencia, empatía y ética. Un gran abrazo!

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *